Los recuerdos son como los amores.
Vienen y nos abrazan y luego se van,
se disculpan y se sonríen dulcemente.
Nos desarropan del presente
y nos sumergen en las puertas del pasado.
Se quedan, susurran, se despiden
y dejan su fragancia,
y vuelven de puntillas, sutilmente,
se van nerviosos y vienen temerosos
y luego juegan a ganar o perder.
Se vuelven tranvías y ventanas de pasajeros.
Son sensuales con el roce de los encuentros.
Nos dejan esquinas tiradas y pétalos desnudos
en un arco iris de lápiz y papel.
Que manera tan extraña de recordar el cosmos
de esos primeros encuentros,
esta sensación de querer volver a presentirlo,
esta sensación que nos derrumba,
sentimiento que nos hacen perder la cordura y
nos tornamos mentirosos,
inventamos, nos volvemos creativos... y logramos
el encuentro de las capitulaciones...
entonces ¿Oh por todos los dioces de la faz de la tierra?
nos sorprenden nuestras pasiones.
Y nos preguntamos.
Que tienen esas viejas historias
que no se dejan volver olvido,
que no nos abandonan y están ahí al asecho.
Hoy no estoy postergando el reencuentro
con su caminar insinuante, y la lluvia de su caricias
apoderándose del centro de mi vientre,
no, hoy simplemente estoy descansando
de su presencia y de su fragancia que deshilvanaba
ni existencia hasta quedar desnuda entre sus brazos
acosando sus labios con los míos.
Los recuerdosestán ahí.
En movimiento,
no, no se quedan quietos,
aparecen de repente:
en una mirada,
en unos labios,
en una esquina,
en una tarde,
en hojas de cuaderno,
en un parque,
en una tarde tranquila,
en un paisaje ocupado por risas y abrazos.
Ahí están pendientes
en esos ojos que me lo recuerdan y en esa despedida
que me deja con el deseo de encontrarlo
una vez mas.
Nos ven débiles y descuidados y se lazan
y empiezan a apoderarse de la piel,
de las emociones,
de los sentimientos,
de los pensamientos y se quedan allí,
contando, recordando hojas que se habían botado
o guardado en el baúl de los olvidos,
donde sabemos que han existido,
pero ellos no se van
se quedan.
Entonces se hace inaplazable
pedir auxilio, abrir las ventanas y resbalar,
seducir a los recuerdos para que nos dejen,
porque se hace extremadamente perentorio
que cambien su rumbo
o de nuevo
pareciera que queremos volver y volver...

