No dormía. La música era la forma de maquillar el tiempo en la pensión de San Alejo, no dejaba de repicar como lo hacían las campanas todas las mañanas llamando a sus feligreses a la oración. El dueño era un hombre joven, escondido en sus anteojos alargados y su piel silenciosa. Era el dueño de la única pensión del pueblo y sus dos únicas habitaciones, llenas de añejados y mal olientes recuerdos. Este hombre pálido inundado por la mugre, permanecia horas enteras conversando, sin sueño ni cansancio de ELLA, quien lo había abandonado una noche de tedio y fustraccion. Dicen que Él perdió el juicio un amanecer. Todos los días se sienta a la entrada de la casa donde ella habitaba, en espera de verla salir para saber la razón de su abandono. ELLA, vivía en la única y mejor pensión del pueblo, la mejor panadería, la mejor cantina y sobre todo la AMABA.
Todos en el pueblo en sus tardes de murmuracion, comentan en silencio, que ELLA tenia la razón, ¿Quien podía vivir con un hombre que no duerme?